El Reiki es un sistema de canalización de energía desarrollado en Japón a comienzos del siglo XX por Mikao Usui.Su finalidad es favorecer el equilibrio físico, emocional y mental a través de la imposición de manos o el trabajo energético a distancia.
No es una religión ni sustituye tratamientos médicos. Es una práctica complementaria que acompaña procesos de bienestar desde una visión integral del ser humano.
Comprender qué es el Reiki va mucho más allá de repetir que “es energía”. Implica entender cómo nos relacionamos con nuestra propia vitalidad y cómo aprendemos a armonizarla de forma consciente.
¿Qué significa realmente la palabra Reiki?
La palabra Reiki está formada por dos términos japoneses:
Rei, que puede traducirse como energía universal o consciencia universal.
Ki, que hace referencia a la energía vital que sostiene la vida.
Cuando hablamos de Reiki no hablamos de algo externo que “alguien posee”, sino de un sistema que permite canalizar esa energía universal que ya forma parte de todo lo que existe.
Desde esta perspectiva, el practicante no transmite su propia energía. Actúa como canal. Esto es importante, porque elimina la idea de poder personal o de habilidades especiales. Reiki no es un don exclusivo. Es una práctica que se aprende, se integra y se vive.
¿Cómo funciona el Reiki?
Desde una visión práctica, el Reiki actúa favoreciendo estados profundos de relajación y equilibrio. Cuando el cuerpo y la mente salen del estrés constante, los procesos naturales de regulación se activan con mayor facilidad.
No es magia.
No es sugestión forzada.
Y no funciona desde la imposición.
Funciona desde la coherencia.
Durante una sesión, la persona permanece recostada mientras el practicante coloca las manos en distintas posiciones del cuerpo o trabaja a distancia. Muchas personas experimentan calor, hormigueo, sensación de paz o liberación emocional. Otras simplemente sienten una relajación profunda.
La experiencia puede variar, pero el objetivo es el mismo: armonizar.
¿Para qué sirve el Reiki en la vida real?
En términos prácticos, el Reiki se utiliza para:
- Reducir niveles de estrés y tensión acumulada.
- Acompañar procesos emocionales complejos.
- Favorecer claridad mental en momentos de confusión.
- Apoyar cambios vitales desde mayor serenidad.
- Complementar procesos de sanación junto a otros enfoques profesionales.
Es importante comprender que el Reiki no promete curaciones milagrosas. Su función es acompañar, equilibrar y sostener procesos internos.
Cuando el equilibrio aumenta, la persona suele percibir mejoras en distintas áreas de su vida. No porque el Reiki “haga magia”, sino porque el sistema nervioso y energético dejan de funcionar en estado de alarma constante.
Qué NO es el Reiki
Para entender realmente qué es el Reiki, también es importante aclarar lo que no es:
- No sustituye tratamiento médico.
- No es una religión.
- No exige creencias previas.
- No es manipulación energética.
- No depende de la fe para funcionar.
Es una práctica sencilla y estructurada que trabaja desde la intención consciente y la canalización.
Qué se puede esperar de una sesión de Reiki
Cada experiencia es distinta. Algunas personas sienten calor en las manos del practicante. Otras perciben ligereza, emociones que emergen o una profunda sensación de descanso.
Lo más habitual es que la persona termine la sesión con mayor calma, como si algo se hubiese reorganizado internamente.
El Reiki no siempre actúa de forma inmediata o espectacular. A veces su efecto es progresivo y sutil. Pero precisamente ahí radica su profundidad.
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Este artículo ofrece una visión clara sobre qué es el Reiki y para qué sirve. Sin embargo, comprender realmente el sistema Usui requiere una explicación más amplia y ordenada: sus fundamentos, sus principios, la práctica paso a paso y el contexto en el que nació.
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